miércoles, 1 de marzo de 2017

Carnaval



No sé quién me habló de Medium. Ayer abrí una cuenta. No estoy seguro que reemplace a este espacio, a la hora de publicar textos, pero quería conocer su funcionamiento.

Ahí publiqué "Carnaval", a propósito de las fechas que terminaron ayer en Argentina. Es un texto que integra "Series y Grietas", libro de cuentos publicado por Colisión Libros, allá por el 2015.

Les dejo el enlace, por si les interesa conocer algo más de Medium.

Y también lo reproduzco en mi casa, como debe ser.

Carnaval 

La comparsa avanzaba a paso lento, los pasos ensayados durante meses y las rutinas de baile acompañadas por la música. Flanqueada por unos malabaristas y jóvenes que lanzaban fuego por la boca, eran recibidos con algarabía por el público.

El diablo bailaba frenético al son de los tambores. Sus ojos brillaban, apoyados en unas ojeras oscuras que desentonaban con su cara maquillada de blanco. Dos figuras bajaron la calle y se sumaron a la comparsa. Llevaban trajes de época, algo desalineados por los años pero con afeites que añoraban un tiempo mejor.

El más viejo respiró profundo y sonrió. Era evidente que disfrutaba el momento. Su adlátere estaba contrariado, temeroso, desencajado. Fue el que me descubrió.

Al instante codeó a su amo, que mudó el beneplácito de su cara por un signo de preocupación y me saludó con un gesto de cabeza.

Respondí el saludo y los seguí con la mirada. Al llegar a la esquina, ambos dejaron la comparsa y se escurrieron entre la multitud.

Los intercepté a media cuadra, cerca del bar del Ruso.

— Veo que estamos en presencia de otro caballero — saludó con aire señorial.

— No crea todo lo que ve. Ahora que lo pienso, yo debería decir lo mismo, — alegué y respondí el saludo. Su mano estaba fría.

El viejo deslizó un mohín ceniciento y miró a su alrededor, resignado por saberse descubierto. Pasó un pibe y nos empapó con espuma. Otro mimo hacía morisquetas sobre un par de zancos.

— ¿Qué nos delató? — inquirió desde unos ojos sin brillo.

— No se preocupe, pueden pasar desapercibidos. Además mírelos, hay demasiada alegría para percatarse de su presencia. Pero bueno, presiento que lo sabe, es lo maravilloso del carnaval.

El noble miró a su alrededor y suspiró. Podría asegurar que estaba feliz.

— Fui uno de los primeros en aceptar esta fiesta pagana, ¿sabe? Recuerdo la expresión de horror de la jerarquía eclesiástica. Nunca entendieron que era el momento en que los plebeyos se vistieran de ricos aunque sea por un día.

— Pero no es sólo eso.

— Por supuesto que no. Es el resurgimiento de Dionisos, la supremacía de los instintos, la victoria sobre Apolo. El carnaval es la segunda vida del pueblo basada en el principio de la risa. Es su vida festiva.

— Oiga, eso es Nietzsche, entreverado con Bajtín…

El anciano sonrió.

— Sí. Sujetos particulares que conocí… ¿Qué, no me cree?

— Mire, lo estoy viendo a usted ahora y sé que es real aunque sea un espectro. Me imagino que cada carnaval es una buena oportunidad de mostrarse, ¿no?

— Así es. Pese a la cara de mi siervo, que no le gustan mucho los cambios. Y no pregunte, la discreción es una cualidad inigualable de los caballeros. No le voy a decir de dónde vengo, pero a veces tenemos la necesidad de volver al mundo de los vivos. Tampoco le voy a contar cómo es, aunque el sosiego puede ser desquiciante.

Quedamos uno segundos en silencio. Percibí que estaban por desaparecer de mi vista.

— Debemos dejarlo. Otro carnaval nos espera, se imaginará que aprovechamos todas las oportunidades posibles. ¿Qué hace? Guarde ese artefacto. Es un invento nefasto, ¿sabe? Además no va a registrar nada.

Apreté dos veces. Tenía razón. El visor de la cámara digital sólo reflejó la pared desnuda del bar. Levanté la vista y ambos habían desaparecido.

— Fue un gusto conocerlo — oí a mis espaldas.

Giré sobre mis talones y no vi a nadie. En la vereda de enfrente una pareja miraba el desencajo de mi cara con extrañeza. Los saludé con apremio y me hundí en el bar, ajeno a la algarabía del carnaval que se adueñaba de la ciudad.

1 comentario:

  1. No conocía el nuevo Medium, está bien indagar en otros ecosistemas. Por lo demás, qué curioso acabar hablando de Nietzsche en pleno carnaval... o tal vez no tanto. Al fin y al cabo si algo es un carnaval es transgresión, y qué más transgresor, ayer, hoy y me temo que mañana, que la cultura.

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