viernes, 17 de marzo de 2017

Frases de semillas




Quizás escribir se trate de recolectar semillas que plantamos como frases, ideas escritas de madrugada, bosquejos que darán sus frutos. O no.
La anotación apareció en un cuaderno viejo, del dos mil once, cuando todavía "El porvenir es una ilusión" seguía siendo un borrador, un camino impreciso pero sólido hacia una novela.
Luego llegó otra reescritura que cedió su espacio a estos fragmentos: 

“Ya no sé si fue tan buena idea venir a este caserío ruinoso en donde los fantasmas conviven entre nosotros y los recuerdos duelen un poco más. Volver a casa después de tantos años es doloroso, sobre todo porque no queda nada de lo que nos ataba al pasado y una memoria caprichosa se empeña en recordar lo que quiere y no lo que deseo.”
(p.98)

“Quizás hay que dejar los espectros en el pasado. Quizás no era tan buena idea esto de recordar a Martín y avivar fantasmas. O a lo mejor es el momento ideal después de los indultos presidenciales y un plan económico parecido al de Martínez de Hoz pero aplicado a comienzos de los noventa.
Traje conmigo el cuaderno de anotaciones del Negro, sus dudas ante una lucha que, intuyo, sentía en retroceso desde que Montoneros pasó a la clandestinidad y las acciones militaristas estuvieran a la orden del día. “Cuando vos confiás en un compañero, cuando tu vida depende de una cita diaria no te hacés tantas preguntas”, escribió en uno de los márgenes.
Sonrío. Esa respuesta es para mí. Es fácil reflexionar sobre los hechos unos quince años después. Supongo que por eso le dejó el cuaderno a Flores, a sabiendas que éste me lo alcanzaría alguna vez y entablaríamos este diálogo sobre la historia que, al fin y al cabo, es un diálogo sobre nosotros y nuestro tiempo.
Pavada de frase. Grandilocuente y jactanciosa. Estoy seguro que Martín se hubiera muerto de risa, aunque era consciente que aquellos años fueron de palabras absolutas, no había lugar para medias tintas. Patria o muerte, Liberación o Dependencia, así se percibía. El futuro estaba al alcance de la mano y había llegado la hora de los pueblos.
“Aquí estoy para vivir/mientras el alma me suene, / y aquí estoy para morir, / cuando la hora me llegue, / en los veneros del pueblo/desde ahora y desde siempre. / Varios tragos es la vida/y un solo trago es la muerte.”1, escribió Martín en este cuaderno que sigue hablando conmigo y desliza sus palabras en una suerte de diálogo postergado que se puede realizar en cualquier momento, pues para eso están los amigos.
Suerte de diálogo postergado, esto va de mal en peor. Quizás ya sea hora de volver a casa, cruzar el Aqueronte con la esperanza de no hundirme y dejar que el olvido haga su trabajo. Pero todavía no puedo. Coincido con Martín – y seguimos con los diálogos – que este caserío abandonado es un metáfora del país, los restos de un porvenir habitado por nostálgicos y derrotados (porque no somos otras cosa Flores y yo) que no se resignan a las risas superficiales y al olvido por decreto. “

(pp.103-104)

1. Verso del poema "Sentado sobre los muertos", de Miguel Hernández.

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