domingo, 26 de marzo de 2017

¿No ve que mienten?


Imagen de: El Squatt


Me daba pena verlo bambolearse contra el mostrador. El almacenero lo miraba y seguía cortando fiambre. Debió sentir mi reprobación y se encogió de hombros.

No llegaba a los cuarenta, completamente borracho. Pero no era eso lo que me molestaba, sí que le hubiera vendido otro litro de alcohol. “Nada peor que los conversos”, suele bromear alguien que amo. 
Con una agilidad que no se correspondía con su estado, destapó la cerveza y la volcó en la botella de plástico sin derramar una gota, como si se le fuera la vida en esa precisión.
La imagen podía ser común a cualquier barrio y calle. Anónimos pero reconocibles. Vendedores de bolsas de residuos, estampitas, canastitas con agujas y productos de dudoso origen con los que intentan asirse a la vida, si es que se puede denominar vida a la incertidumbre de no saber qué comer, la porfía para no ser un desclasado que no tenga nada que perder y ya no respete su vida ni la ajena, el no lugar de la marginación, de la nada misma, al que te empuja la perversidad de ver a la pobreza como algo natural.
—Pa, no anda Internet y no puedo ver videos —La voz del chico nos sorprendió a todos. No llegaba a los diez años.
—Termino de atender a la gente y voy. —El chico desapareció sin quitar la vista de la tableta.
—Le.. Le puedo dar un conssejo? —balbuceó el hombre acodado al mostrador.
El almacenero le lanzó una mirada entre furiosa y burlona.
—Diga.
—Aléjelo al pibe de las pantallas, que haga otra cossa, yo ssé lo que le digo.
El tipo no le contestó. En el plasma clavado en el canal de noticias el conductor parecía vigilar el trabajo del comerciante y relataba indignado una y otra vez el mismo robo. Bramaba por penas más severas.
—¿No ve que mienten? ... —. Abrió la mochila y escondió la botella entre santos y oraciones. Se dio vuelta con dificultad y enfiló hacia la salida sin mirar a nadie.

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