domingo, 14 de mayo de 2017

El cartel en la llovizna


 Llovizna. Una vez más. El cielo encapotado arrima los recuerdos. No hace frío, pero mi cuerpo tirita. Es una defensa. O advertencia, no sé. “No se parece a mis pagos”, decía el misionero y se acordaba de la tierra roja, el clima tórrido tan diferente al pozo.

El pozo, la zanja que armamos a los tumbos y para no morirnos de frío. ¿Por dónde vendrían? ¿Como se oirían los disparos? Preguntas en esa estepa helada mientras el sargento nos puteaba y nos trataba de vagos.
Un día lo estaquearon al correntino por robarse unas latas de sardinas que compartimos en la trinchera. Las más ricas que comí en mi vida. Casi se les muere de frío. Creo que cayó en la primera andanada de balas.
Un estruendo. La Banda de Música está para homenajearnos. Debería tranquilizarme pero no puedo evitar los temblores. ¿Cuántos quedaron en el camino? Aquel pibe que buscaba su brazo y corrió hacia el enemigo, mis disparos a la oscuridad, la explosión, algo que se rompía en mi pie
Treinta y cinco años ya. Laura me aprieta la mano. Devuelvo el apretón. Sabe que odio estas fechas, que de heroico hubo poco y nada. Del entusiasmo inicial y el pecho hinchado por pisar las islas, al cachetazo de una pelea desigual contra asesinos profesionales.
Fue duro el regreso al continente, como si diéramos vergüenza. Reflejos infames en un espejo que nadie quería mirar. Volví a mi pueblo con un pie menos y la culpa del sobreviviente. Los viejos seguían con el puestito y los animales. La montaña y el silencio atenuaron los gritos, impulsaron una tregua que solía romperse todas las noches con mis pesadillas. Obuses, granadas. Y los gritos de ayuda. No hay nobleza en las batallas. Y menos en las que te mandan a morir.
No sé qué dice el intendente. Los recuerdos rompen tumbas, recita una estudiante. Los versos quedan en el aire, se confunden con la garúa. La chica se parece a Laura de joven. Cuando termina se acerca y me da un beso. Respira con dificultad y usa ropa muy holgada que la hace más bella aún. Me imagino que no la pasará fácil en el colegio con esos kilos. Le sonrío, el destello en la mirada. Solidaridad de los marginados.
El acto llega a su fin. Los funcionarios destapan el lienzo que oculta el cartel y la calle con mi nombre. Quizás sea una forma de honrar los errores del pasado, mirarnos en ese espejo con dignidad. No estoy tan seguro.
Llovizna. Mi cuerpo tiembla. El cielo arrima los recuerdos. 

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