domingo, 2 de julio de 2017

Alivio contra la ferocidad III


—¿Cómo que no tenés? Son pañuelitos, seguro que te hacen falta.
Lo miré. Rápida cuenta mental. Imposible.
— Mirá, voy al médico, tengo para la consulta, —contesto desde mi afonía.
—Dale, no he vendido nada hoy…
—En serio, no puedo.
—Te lo pido por favor —el tono de su voz me conmovió.
—La verdad, no tengo —y no tenía.
—¡Cómo que no vas a tener!
Mi sorpresa. Su grito para ser visible. Levantó un brazo y me mandó al diablo. Siguió su camino y unos metros más adelante paró a una señora. Tampoco tuvo suerte.


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